martes, 21 de abril de 2015

Fuerzas, Debilidades y Sospechas

 UNA DENUNCIA QUE AFIANZA LAS SOSPECHAS

EL DISCURSO  difuso y simplón de Podemos ha obtenido un notable éxito desde su irrupción en las europeas, presentándose como un movimiento ciudadano ajeno a la política profesional. Hay que reconocerle el mérito de haber sabido trasladar esa creencia a su potencial electorado, principalmente porque los hechos son tozudos y desacreditan ese pretendido amateurismo: la cúpula de Podemos es, desde hace ya bastantes años, un equipo de profesionales de la política que ha vivido de su actividad de proselitismo del régimen chavista de Venezuela, una de las naciones más corruptas según los índices de Transparencia Internacional. 

Su instrumento más productivo ha sido la Fundación Centro de Estudios Políticos y Constitucionales (CEPS), que desde hace más de una década ha cobrado del Gobierno bolivariano una cifra superior a los cuatro millones de euros por ayudarle a extender su influencia. Su actual vicepresidente es Alberto Montero, el profesor que enchufó en la Universidad de Málaga a Iñigo Errejón, que también forma parte de su patronato. Y a ella han estado estrechamente vinculados Pablo Iglesias, Juan Carlos Monedero o Luis Alegre, autor a su vez de un panegírico zafio sobre el pensamiento político de Hugo Chávez por el que Caracas le premió con 150.000 euros, que recibió de manos del mismísimo Nicolás Maduro. CEPS y Podemos mienten cuando se defienden afirmando que nada tienen que ver el uno con la otra. Ésta es la realidad.
El diputado opositor venezolano Julio Montoya denunció ayer que CEPS -y, por tanto, al menos Montero y Errejón- sigue asesorando a Maduro y cobrando de Venezuela en la actualidad, y lo sostuvo aportando profusa documentación que la fundación no se atrevió a desmentir. Esto es: que líderes de Podemos colaboran con el régimen mientras decenas de miles de venezolanos tienen que soportar larguísimas colas para acceder a los alimentos básicos, mientras se revela que el Gobierno protagoniza el expolio y la corrupción y mientras su Ejército persigue y encarcela a los discrepantes.

A apuntalar la sospecha de que los líderes de Podemos son lobos con piel de cordero contribuye la ausencia de concreción de sus propuestas maximalistas, la falta de tolerancia hacia las críticas o la semántica política beligerante con la que intentan descalificar como un régimen opresivo la democracia constitucional, auténtica garantía de las libertades. Pero más elocuentes son los hechos, como su negativa a condenar la represión o el pago de 425.000 euros que el Banco del Tesoro de Venezuela le hizo a Monedero sin que se sepa todavía por qué y con el que el ascendente intelectual de Pablo Iglesias cometió un posible fraude fiscal. Mal que les pese, ese dinero sólo tiene una explicación.


OPINIÓN : (El Mundo)
 
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